30 mar. 2011

Algo alucinante desde Italia (los terremotos son un obra buena y paterna de Dios)

“Los terremotos, como lo que ha ocurrido en Japón, son la obra buena y paterna de Dios”. La frase, dicha por Radio Maria (Maria en el sentido de Virgen), una de las radios católicas más escuchadas en Italia, ya suena bastante rara, pero lo es todavía más si a decirla es Roberto de Mattei.
¿Y quien es Roberto de Mattei? ¿Un cura? Pues no. ¿Un obispo? Tampoco. ¿Uno de los muchos apodos del papa? No No ¿Un político de derecha entonces? Que no. ¿Un brujo, un quiromántico, un sensitivo, un adicto a las pelis catastróficas? No, no y ¡todavía no!
Roberto de Mattei es el vicepresidente del CNR (Centro Nacional de Investigación Científica) o sea el organismo más importante de la ciencia italiana.

Vale os permito levantaros e ir a tomaros un vasito de agua. ¡Venga! De vino tinto (que hace falta).

Como volvéis os cuento que este mismo De Mattei, en el 2009, organizó siempre por parte del CNR un congreso antidarwiniano intitulado: “Evolucionismo: ocaso de una hipótesis”. Y que, desde hace unos años, los libros de texto de los colegios italianos frecuentemente omiten hablar de Darwin.
Pues nada... así sigue mi querida Italia.


Fuente: LaRepubblica.it

22 mar. 2011

Algo sobre mi padre (capitulo 2: La cita y el psicólogo)

Antes de trascribir estos diálogos trascurrido entre mi padre y yo, quien os escribe desea puntualizar que todo lo que cuento, palabra por palabra, es verdadero.

Todavía vivía en Roma. Estoy en la cama con mi chico con el cual acabo de hacer paz. Así que estamos disfrutando y con mucho gusto.
Llama mi padre.
Hola, oye que tengo que pedir cita con el hospital para una revisión. Y no sé como hacer.”
¿Papá pero como es posible? Que lo haces cada dos meses”.
Bueno esta vez no lo consigo... quieres ayudarme ¿si o no?”.
Mientras tanto mi chico me hace señal y me invita a ayudarlo. Es que es mayor y busca cariño, intenta comunicarme. Ya sé que se equivoca pero este chico es psicólogo y le encantan estos rollos hijo/padre. Así digo que si.
Valeeee. Dame el nombre de tu doctor y para cuando quieres la cita”.
Me da todo y cuelga.
Me levanto de la cama, me pongo los calzoncillos y enciendo el ordenador para buscar el número del hospital.
El chico feliz.
Llamo a la centralita y me contesta una señorita (por si acaso me gustan las rimas). Le digo que busco una cita para mañana a las 5.30 de la tarde.
La señorita de la centralita me dice que ya no puede reservarme una cita por esta horita (es que a ella también le encantan las rimas). ¿Está bien a las 6 horas?
Pues si, está bien. Cuelgo y vuelvo a llamar mi padre.
El chico, desnudo, sonríe satisfecho desde el paraíso de los psicólogos...
Oye papá a las 5.30 estaba ocupado pero a las...
Claro que estaba ocupado” me interrumpe mi padre. “a las 5.30 voy yo”
¿¿¿¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee???? Ya la habías reservada?”
Si”
¿Y eso?”
Quería comprobar si eras capaz de tomar cita con un doctor.... es que eres tan idiota.”
El chico psicólogo mira fijo el techo.
Además hijo mio haces un vida tan desordenada que seguro vas a necesitar muy pronto del hospital.”
Cuelgo sin contestar.

Algo sobre mi padre (capitulo 1: el móvil)

Antes de trascribir estos diálogos trascurrido entre mi padre y yo, quien os escribe desea puntualizar que todo lo que cuento, palabra por palabra, es verdadero.

Me hallaba en Roma y después de haber pasado dos horas con mi padre charlando de lo que más le gusta (o sea que yo soy un idiota) le pido en préstamo el coche. El me lo concede. Bajo a la calle, subo en el coche (mi padre me mira por la ventana), enciendo el motor y no consigo hacer 100 metros que me suena el móvil. Lo tenia en el bolsillo delantero de los vaqueros (disculpen la rima pero aunque lo habría tenido en el trasero era lo mismo). Así que me cuesta bastante sacarlo. Cuando lo consigo veo que a llamarme es mi padre. No puede ser nada de importante, porque de hecho no han pasado 2 minutos desde cuando nos hemos saludado. Además estoy conduciendo. Así no contesto y dejo el móvil en le asiento a mi lado. En un momento vuelve a sonar (es siempre mi padre). Todavía no contesto, pero entre di un instante el móvil suena otra vez y otra vez más. Así que al final contesto.
“¿Que pasa papá?”
“Quería decirte una cosa”
“Dime”
“Te ruego de no hablar en el móvil cuando estas conduciendo porque la multa llegaría a mi.”
Toda la arte surrealista y algo de Borges y el Teatro del Absurdo por completo me pasan delante. 
Cuelgo sin contestar.

17 mar. 2011

Esa si que es una historia bonita....

Casa África albergará en sus salas esta exposición de ochenta fotografías realizadas por Héctor Mediavilla (España) y Baudouin Mouanda (Congo Brazzaville) que nos adentra en el mundo de la Societe des Ambianceurs et des Personnes Elegantes (S.A.P.E.). Una realidad desconocida y extravagante que nos muestra otra cara del continente africano.

¿Un congoleño con un smoking rojo en medio de un entorno de pobreza? ¿Zapatos lustrosos para pisar escombros, tierra y basura?

Decía Marcel Proust que es mejor soñar la vida que vivirla, aunque vivirla sea a veces soñarla y esta sentencia proustiana resume a la perfección una de las enseñanzas que nos aporta la SAPE, este movimiento extravagante y particular formado esencialmente por jóvenes de la ciudad de Brazzaville, capital de la República del Congo, y también algunos provenientes de Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo cuyo nacimiento se remonta a la década de 1920, en pleno periodo colonial, cuando André Grenard Matsoua, al que se considera inspirador de este movimiento, el grand sapeur, volvió de París vestido con trajes occidentales y creó escuela.


15 mar. 2011

La huelga de los controladores aéreos y el cazo de Lenin

Al día de hoy tenemos opiniones sobre todo. Porque de verdad lo que nos interesa es ser originales. Decir algo que nos hace distinguir de los demás. Tomarnos nuestro momento de gloria. Y esta es la ley bajo la cual todos vivimos (yo también, por supuesto).
Tenemos solo que encender la televisión para darnos cuenta de este fenómeno. Millones de periodistas por la calle que paran gente preguntadole cualquiera cosa. A la ama de casa de 65 años y pico: “¿Usted que piensa de la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein?” Y la muchacha: “Pues, de verdad nunca me ha convencido.” Al niño de 6 años: “¿Que opinas de las crisis de los bancos?” Y el chiquitín: “Bajo Franco eso no habría pasado”.
Haces unos meses también mi pareja tuvo su momento de gloria. Nos hallábamos en la feroz huelga de los controladores aéreos. Todo el mundo cabreado. Todo el mundo sediento de sangre. Todo el mundo excepto mi pareja, claro. El caballero declaró, en plan muy Lenin, que una huelga para ser una huelga de verdad tenia que ser molesta si no no tenia sentido. Que ya no se encuentra gente con los cojones. Que como trabajador humillado y violado cada día por el gobierno, él estaba con los controladores (con los compañeros controladores).
Por su opinión tuvo que discutir con mucha gente, incluso pelear con alguien. Vamos, un éxito de puta madre. A mi, personalmente, me encantaba. Verlo allí, como un verdadero Lenin enfadado, medio desnudo con su “pechuga” peluda inflada de orgullo revolucionario, gritar sus opiniones tan impopulares me daba morbo. 
Sus calzoncillos izquierdistas tenían gracias. Yo ya no era Antonino si no el Antonino que tiene la pareja que está con los controladores.
Los amigos me llamaban preguntándome: “¿Que tal está el tío? ¿Aún no lo han matado?”
Esto hasta hoy cuando nuestra originalidad lamentablemente se derrumbó. Es que por la semana santa estaba en programa irse a Praga. 4 días aprovechando que el Lenin tenia vacaciones. Todo estaba ya arreglado cuando los controladores anunciaron una nueva huelga precisamente por la semana santa.
Así ahora vuestro querido Antonino se encuentra a lado de un inedito Adolf Hitler que, en calzoncillos rojos descoloridos, está declarando que así no se puede ir adelante. Que un tío trabaja todos los putos días y que tiene el derecho de irse de vacaciones. Que los controladores son muy gran hijos de puta, y sus madres y su abuelas también.
Bueno, me callo que acaban de tirarme un cazo al grito de: “¡Quitate esta sonrisita del coño cabrón!
Es que siempre me encantó la teoría de la Relatividad.

9 mar. 2011

Gheddafi e il commissario belloccio


Io ho un metodo personalissimo per accorgermi quando una cosa è stupida: gli cambio la scenografia e il contesto e mi rigiro (come in un film) la scena con attori tutti diversi. Per esempio questa faccenda qui di Gheddafi è perfetta. Mi viene in mente un classico, un classico di tutti i film d’azione: il cattivo asserragliato con degli ostaggi in una casa e sotto il commissario belloccio con il megafono che cerca di farlo ragionare.
“Arrenditi” gli dice. “Sei circondato. “Se ti arrendi adesso eviterai un sacco di guai.”
E poi ci sono sempre i poliziotti fessi che tengono il fucile puntato e allora il commissario belloccio gli fa segno di abbassare il fucile.
“Ma siete stupidi?” gli dice. “Ma volete che ammazzi tutti gli ostaggi?” E si aggiusta la cravatta e torna a parlare con il cattivo. “Se ti arrendi ti prometto che nessuno ti sparerà.”
Che è sempre questa la scena migliore del film, quella dove decidiamo definitivamente de il commissario belloccio è un gran fico, che ci piacerebbe scendere a comprargli il latte tutte le sere della nostra porca vita. (hai una scena così nella “Legge del Desiderio” di Almodovar).

Bene, ora prendiamo questo classico del cinema e rigiriamolo con Gheddafi. Il cattivo è Gheddafi, chiaro. Il commissario belloccio è la comunità internazionale. Allora lui sta li asserragliato, e arrivano alle volanti della polizia messaggi dalla centrale che dicono: “bisogna farlo andare via, ci sta costando un sacco di soldi, il petrolio è alle stelle e noi andiamo alle stalle”. E il commissario belloccio fa: “Tranquilli tranquilli ora ci penso io” e prende il megafono.
“Arrenditi, lascia gli ostaggi e esci.”
“Noooo” grida Gheddafi (che gli sono sempre piaciuti moltissimo i film d'azione)
“Se ti arrendi ti congeleremo tutti i tuoi beni e non ti lasceremo con il becco di un quattrino ne per te ne per la tua famiglia. Sii ragionevole esci.”
“Come?” fa Gheddafi. “Ma che stai a di?”
“Esci. Abbiamo anche deciso che dovunque te ne andrai sarai processato per crimini contro l’umanità, quindi esci. Ti conviene.”
E Gheddafi, asserragliato dietro la finestra pensa: porca puttana sono capitato in un film con sceneggiatori di terz’ordine.
Ed è così!

8 mar. 2011

Mi abuela y el arte del encuentro (con rosas, bocadillos y patadas a los demás)

El 25 diciembre 1984 mi abuela me dijo que la vida es la arte de aprender a morir. Después de unos años reflexionando sobre este asunto he concluido que mi abuela era una aburrida pesimista (y además hacía por Navidad regalos asquerosos).

En realidad la vida es el arte del encuentro. Pues sí, del encuentro. A lo largo de toda nuestra existencia no paramos de encontrar gente. La encontramos para ir a trabajar, la encontramos trabajando, la encontramos volviendo a casa. La encontramos incluso si estamos en paro o si somos ya jubilados. Encontramos gente cuando vamos a comprar la leche, un par de calzoncillos, el detergente para fregar los platos. Anoche encontré una cucaracha mientras me iba al baño. Era una cucaracha que estaba de paseo. La saludé y la aplasté. Lástima por su paseo pero antes de aplastarla la saludé, porque así me han enseñado a portarme cuando se encuentra a alguien. Soy un chiquitín muy bien educado ¿sabes?. Y me limpio y me froto todas partes y todos los día por si acaso voy a encontrar alguien y no quiero apestarlo. Y he aprendido un idioma por si acaso tengo que saludar a alguien. Y he aprendido a contar por si acaso tengo que invitar a los amigos a cenar (para calcular los platos y los vasos que poner sobre la mesa ¡claro!).

A fin de cuentas todo lo que aprendemos es para saber qué hacer en el momento que alguien (o algo) nos atropella.Y qué son los recuerdos si no la memoria de los encuentros. La felicidad qué es si no un encuentro que queremos festejar con rosas y bocadillos. Y qué es el dolor si no un encuentro que no llegó o no volvió. O cuando pedimos disculpas, qué es si no el duelo que aquel encuentro no salió bien. E incluso la guerra, sí la guerra, ¿qué es si no un encuentro organizado? Concertar una cita para matarse.

Los encuentros son todo. La cultura, la civilización (la nuestra y las pasadas) son solo guiones con el cual decidimos cómo gestionar los encuentros. Pensemos en las revoluciones. Cada revolución necesitó desarrollar su forma original de saludar (los fascistas, los nazis, los comunistas, todos desarrollaron sus saludos). Además, nuestro modo de saludarnos es totalmente arbitrario. Quiero decir: nos saludamos con un “Hola qué tal” pero sería la misma salsa saludarse con un:
“Pimientos a todos” y contestar con un “Patadas a los demás.”
¿Desear hortalizas en lugar de un “qué tal”? Pues, sí ¿por qué no? Y en lugar de darse la mano (o dos besos) ¿por qué no darse los pies? Y a los amigos más queridos, o a los amantes más valientes, quitarse los zapatos y darle el calcetín.
“Tú me apestas luz”
“Igualmente. Sabe a cabrales, de verdad mi amor.”
(y no estoy bromeando: en China para demostrar que la comida te ha gustado tienes que pedorrear).

Pero ¿por qué es tan importante el encuentro? ¿Por qué hemos armado este baile tan loco por él? Pues y yo qué sé. Y sobre todo ¿por qué meto la pata en asuntos tan complicados?
William Shakespeare decía que la vida es un teatro.
Alonso María José, mi carnicero, dice que así se vende mucha mortadela.
Mi padre dice: no quiero desanimarte pero eres un idiota.
Y yo... ¿y yo qué digo? Pues que tu cara me suena, porque en tus lágrimas reconozco algo que yo también he sentido. Que la cucaracha que encontré anoche tenía hambre y ¡coño! yo también tengo hambre. Y qué, a pasar de todo esto, yo... bueno... que si te veo me acerco y te digo:
“Hola ¿qué tal? Yo soy yo”.
Y tú mirándome: “¿Quién eres?”
“Yo”
“Pues no querido, no es posible. ¡Yo soy yo!”
Y no conozco nada tan fascinante y tan estremecedor (¡y tú tampoco!).

Concluyendo: mi abuela estaba equivocada, los regalos de Navidad son otra cosa.

Antonino Pingue © 2011 Todos los derechos reservados

2 mar. 2011

Que esta noche ha vuelto el verano por Madrid

Que esta noche ha vuelto el verano por Madrid y estamos con los corazones abiertos de par en par y por la calle todos en camiseta y brazos al aire. Barbitas bien afeitadas y calzoncillos nuevos que la ciudad está llena de extranjeros. Y está claro, esta noche está muy claro, que no nos hemos olvidado cuanto amor nos cabe de una sola vez y cuanta sal queda en un beso robado a un desconocido.

Si te dejas entrar te cuento un secreto: aquí todos buscamos la Tour Eiffel. Y en el corazón más hondo y negro de Malasaña parece (que no ¡es cierto esta noche!), oír a Edith Piaf cantar “Les amants d'un jour”. Y estas callecitas que bajan y suben sin parar no nos llevarán a Montmartre aunque lo parezca ¿sabes? Por eso hay bares por cada rincones: para olvidarnos de lo que no encontramos jamás (que sea el amor o el trabajo o el coraje de irse). Pero dentro de poco un chino te ofrecerá una cerveza, un maricón sacará sus plumas y un borracho llorará hasta agotar su dolor.
Allez venez! Milord, que te voy a dedicar esta ciudad antes de que un alemán intente ser bohemio.
Et prenez bien vos aises vos peines sur mon coeur Milord
, que te cuento las tertulias de esos rincones.
Vous asseoir à ma table Milord que te invito al ultimo trago y luego, si te animas, vamos a la cama (que quiero enseñarte a qué sabe tu olvido). Aquí todos buscamos lo que no está.
Y si las estrellas te parecen demasiado cercanas no te asustes, es que... sé besar muy bien.

Antonino Pingue © 2011 Todos los derechos reservados