6 ene. 2011

La física cuántica y las palabras “te quiero” (la paradoja del gato de Schrödinger)



Aunque sea la persona menos científica del mundo siempre me ha llamado la atención (quizás por esto mismo) el misterio que separa la materia y las reglas que la gobiernan, de la física de lo infinitamente pequeño, como puede ser el átomo, la partícula y más más abajo hasta llegar a el quark. Es de hecho el caso que si la primera sigue reglas fijas y determinadas (la física clásica), la ultima sigue reglas caóticas (la física cuántica). Ejemplo: si cojo un vaso y una botella llena de agua y vuelco la botella a la altura del vaso, el agua, por efecto de la gravedad, caerá en el vaso llenándolo. Esto nos dice la física clásica. Pero según la física cuántica no es en absoluto seguro que el agua saliera de la botella ni tampoco que se acumulara en el vaso. Sería más correcto decir que habría esta posibilidad y simultáneamente la opuesta y muchas más paralelas. Explicándose mejor: las partículas que componen el agua, la botella, el vaso y nuestra mano, serán gobernadas por la ley cuántica que no prevee un comportamiento cierto. Pero la suma de todas estas partículas que componen el agua, la botella, el vaso y nuestra mano, se portarán de forma cierta y determinada.

¿Como narices es posible?

Añadimos que la teoría cuántica no solo es teórica, las bases de la mecánica cuántica han sido aceptadas porque daban previsiones de acuerdo con los resultados de laboratorio. ¿Qué quiere decir? Que funciona en la practica. Y la utilizamos todos los días. Ejemplo: nuestros ordenadores funcionan gracias a la teoría cuántica. Los viejos tubos catódicos de los televisores funcionaban con la teoría cuántica (¡fijate! Cuando nos poníamos delante de la pantalla a ver Raffaella Carrà cantar “fiesta” eso era posible gracias a una ley cuántica).

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La verdad es que la física cuántica, a pesar de ser la cosa más fascinante que pueda encontrarse, tendemos a ignorarla y esto porque es tan diferente de la realidad en que vivimos (aunque gobierna lo que nos compone), que no conseguimos imaginarla. En fin, vivimos y dormimos todos los días a lado de lo inimaginable y de lo mágico y no nos damos cuenta.
¿Que tal si intentamos por un momento imaginarnos este inimaginable? ¿Que te parece? ¿Hacemos este pequeño esfuerzo? ¡Venga! El truco para conseguirlo es sencillo: aplicar las leyes de la física cuántica no solo a lo infinitamente pequeño si no también a lo más grande. Lo hizo Schrödinger (premio Nobel por la física en 1933), con su paradoja del gato. Este es el experimento teórico que ideó:

Cogemos un gato y lo encerramos en una caja con un vial de veneno cerrado. Luego conectamos el vial con un aparato capaz de detectar la partícula de un átomo. Si la partícula golpea el punto A el vial se abre y el gato muere. Si golpea el punto B el vial no se abre y el gato vive. Ahora el gato está encerrado en la caja y nosotros no podemos comprobarlo. De acuerdo con la leyes cuánticas la partícula podría golpear tanto el punto A como el punto B y esta cosa es irrelevante. De hecho golpeará ambos. Pero no en el sentido que antes uno y luego el otro, sino que golpeará “solo el punto A” y también, “solo el punto B”. Y estas dos circunstancias coexistirán simultáneamente. Total: en la caja hay un gato que es tan muerto como vivo. Y se quedará en este estado absurdo y inimaginable (fuera de la vida y la muerte), hasta que no abramos la caja y comprobemos. Entonces la magia terminará y todo volverá a tener un espacio y un tiempo determinado. Y sabremos (pero solo a un nivel estadístico) lo que ha pasado.

Cuidado porque aquí está la cosa interesante. Lo que ha pasado lo hemos provocado nosotros abriendo la caja. Si no lo hubiéramos hecho el gato habría seguido vivo y muerto al mismo tiempo porque sujeto sólo a las leyes de la física cuántica.

A fin de cuentas todos somos gatos de Schrödinger encerrados en una caja y la realidad, la nuestra, en la que vivimos, en verdad no existe. La creamos nosotros incapaces de vivir fuera de un espacio y un tiempo determinados.

Vale, lo reconozco, todo esto podemos entenderlo solo por un momento, luego debemos por fuerza olvidarlo y volver aquí, donde nos hallamos, donde la bombilla se enciende, la luz nos ilumina, la botella se llena y la nevera gasta electricidad que tendremos que pagar. Sin embargo... sin embargo en el momento en que decidimos morir por dos ojos, nos exaltamos por la gimnasia de un beso, nos despertamos por la mañana y un día frío de invierno nos parece bellísimo solo porque hemos dormido a lado de una persona especial, si una mezcla de colores lo llamamos cuadro, una mezcla de sonidos lo llamamos música, si el rojo es rojo y el verde es verde ( y no solo una frecuencia con que la luz se refracta en nuestra retina) y sabemos reír y llorar (y decir por fin: te quiero), es porque la realidad existe solo en tanto la pensamos.

Porque aquí está la más grande de las paradojas: abrir la caja y encontrar, en lugar del gato, un ramo de flores.

Antonino Pingue © 2010 Todos los derechos reservados

Por la traducción de este texto, escrito y pensado en italiano, debo agradecer la ayuda de Egidio y David, que me han ayudado a encontrar las palabras más exactas por un tema tan complejo.

2 comentarios:

  1. la explicacion mas romantica de la fisica cuantica que he leido. Y te lo dice un licenciado en fisica. (Vito)

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