1 abr. 2013

Pequeña historia de una Pascua diferente

Esta historia de la Pascua siempre la he encontrado muy interesante.
Que me lo imagino allí Pedro y Jesús hablando a solas junto al fuego sobre los últimos acontecimientos. Imagino el Pedro agobiado que confiesa que teme que pillen a su maestro y lo procesen y al final lo maten. Que lo romanos hacen estas cosa ¿sabes Maestro? Pero Jesús le dice que no hay que preocuparse, que todo está programado. Que es cierto, que tiene razón, que así irán las cosas, que lo matarán, sí, y que pero él volverá . Y me lo imagino Pedro, hombre barbudo con ojos lindos, escuchar, asentir con la cabeza, medio iluminada por la llama del hogar, y luego contestar: venga Maestro eso ya lo sé, tú hablas a través de metáforas. Y eso es precioso, como todas tus metáforas. Pero la vida no es un metáfora ¿sabes? Y tampoco la injusticias contra las que luchamos.

Y ya sabemos que contestó el maestro, este Jesús de pelo largo y rubio (así dicen) y muy seguro de si mismo (a lo mejor un poco presumido): que él no hablaba a través de metáforas, en absoluto, que él habría vuelto de verdad, que tal vez cerrará los ojos, puede ser, y estirará la pata unos cuantos días, es posible, y que pero volverá en carne y huesos, es cierto. Que no pueden matarlo. Y eso es todo.

Y entonces me imagino Pedro callarse. Estoy seguro que se calló y se quedó cuidando las llamas del hogar un poco avergonzado de si mismo. Es ese Pedro que siempre me ha interesado...

Y pasaron los días y efectivamente los romanos pillaron a su maestro y lo procesaron y al final lo mataron. Así tal como se dice. Y hubo violencia y lagrimas y sangre, como ocurre siempre en estos casos (que Jesús no ha sido el primero y tampoco el último). Y el dolor fue tanto que casi Pedro se había olvidado de las palabras de su maestro.
Pero Jesús es Jesús, es el Todopoderoso (o está emparentado con él), y después de tres días, hizo lo que había prometido y abrió los ojos, se incorporó, quitó la piedra que tapaba la tumba y salió. Solo que lo hizo de noche, en un momento en el cual nadie estaba mirando. Pues sí, hay unas personas que lo ven, pero son pocas. Pues sí, la tumba se quedó vacía, pero una tumba se puede vaciar de muchos modos.

Y es en este momento que para mi la Pascua se hace verdaderamente interesante. Cuando Pedro corre en busca de su maestro y me imagino todo lo que le pasa por la mente a este pobre hombre. Que está por las nubes Pedro, está entusiasta, vamos, está flipando, porque piensa que las injusticias han terminado (por fin). Piensa que se irá por la calle con su maestro, que ya solo hace falta entrar en la ciudad junto a él y que la gente lo vea vivo, nuevamente vivo, para que los reyes pierdan en un solo golpe todas sus coronas. Y todo este poder, que nos ha explotado, ya no cuajará jamas. Y el pueblo romperá en carcajadas bajo los palacios de los señoritos y se reirá de su dinero y de su estúpida opulencia que ya no tendrá ningún sentido. Todo esto piensa Pedro mientras corre hacia su maestro resurgido. Piensa que el pueblo ha ganado. ¡Eso! Sencillamente han ganado.

Pero, cuando Pedro halla a Jesús, él le dice que no. Le dice que no entrará con él en la ciudad, y tampoco se pondrá al centro de una plaza para que todo el pueblo pueda verlo o hará un discurso o estrechará manos. Aunque la victoria de todas sus luchas está allí, a un paso, aunque han armado todo este lío, aunque solo haría falta que lo vieran vivo para que el mismísimo Emperador Romano se cayera de su trono tembloroso de miedo, Jesús le dice que no, que se va al padre .

Y es esto de la Pascua lo que me parece más interesante: la cara del pobre Pedro, hombre de pueblo, pescador, la cara que piensa en su victoria esfumada sin intender.
Le dice que volverá, que hay que portarse bien y volverá... mientras tanto, eso si, los reyes mandarán en su nombre.