23 jun. 2010

¿Podía el “gato pasado” pedir cita para un NIE sin pasar por otra pesadilla? Pues no, ¡claro que no! (o sea: otra aventura del “trabajador Europeo”)



A ver, como ya sabéis hace unos meses estoy cuidando a un chavalito alemán. Hoy teníamos que llamar para pedir cita para el NIE.

¡Tranquilo! Todo bien, pues, no pasa nada, llamo yo mi querido chavalito. Ya lo he pedido para mí, puedo hacerlo también para ti. Yo vivo aquí desde hace dos años, déjame ayudarte.

Recuerdo muy bien el día que llamé para mi NIE. No fue un día fácil. Estaba nervioso. Recuerdo que llamé y que me contestó una señorita un poco más simpática que un perro feo que acababa de mearse encima. Yo, en aquel momento, sacaba sí y no dos palabras de español y la tía no hablaba ni una palabra de italiano.
Su nombre por favor”. Parecía una computadora sin alma.
Antonino”
Su nombre es Antonio”. Una computadora sin alma e idiota.
No, Antonino”
Estupor: “¿Antonino.... Antonino como?”

Antonino como Antonino y ya está”
Por un largo rato la tía se detiene, para volver a preguntarme enseguida sin
ninguna piedad:
Venga, entonces ¿”a” como?”
¿Y eso? Yo no estaba preparado
para este tipo de juego. Lo que tenía ganas de contestarle era “A como A STRONZA!”
Pero, bueno, esto no lo podía decir, esto era demasiado italiano. Y sudando, me puse a pensar una palabra que empezaba por “a”. Ni una me sal
ía. Para mí en aquel momento en España se hablaba el único idioma en todo el mundo que no tenía “a”. Además (joder, ¡“además” tiene una “a”!) pensé que mi nombre es muy largo... y esto claro no ayudaba a mi pobre cerebro.
¿Puedo saber su nombre por favor? Su nombre y apellido por favor” volvió a decirme la voz sin alma.
Es que no tengo nombre, lo siento... todos me llaman X”
Vale, ¿X como?”
Total: así fue come conseguí (más o menos) mi NIE. ¡Una pesadilla!

Pero ahora no. Hoy no. ¡Al día de hoy puedo! Puedo contestar al perro feo que acaba de mearse encima . Puedo contestarle: “a” como amor, como amanecer, como alma, como (¡toma!) amabilidad.
Así, planteando mi venganza, casi feliz, vuelvo a llamar, después de dos años,
a la centralita para pedir un NIE.
Estoy en un momento epif
ánico. Y como siempre, cuando estoy en un momento epifánico, no me doy cuenta que estoy para ponerme en medio de un rollo horrible.
Ya había decidido (antes del momento epif
ánico) hacerme pasar por mi querido chavalito alemán. Todo, así pensaba, sería más fácil (que con la burocracia nunca se sabe). Satisfecho y tranquilo tomo mi móvil, me siento, me lío un cigarrillo y llamo.
Después de un rato una voz femenina y amable me contesta: “Hola, buenos días ¿qu
é tal?”
Hola buenos días” digo yo “quería....” no consigo acabar la frase cuando oigo: “Buon giorno”.
La señorita, dándose cuenta de mi acento, había empezado a hablar en italiano. Un italiano perfecto. Su tono era dulce, hermoso, materno.
Casi la tomo a mal. Y enseguida decido de seguir en castellano. Y me pongo barroco.

Le estaría agradecido” digo “si pudiera conseguir una cita para el NIE” (¡Toma ya!!)
Dejo mi cigarrillo en el cenicero (estoy sonriendo) y espero satisfecho su reacción.
La tía encantadora me contesta en su italiano perfecto y todavía más gentil.

Sarebbe per me un piacere. Ha con se un carta di identià o un passaporto?”
Tomo nuevamente mi cigarrillo. Me levanto. De este paso acabamos casados. Desde aquí no saco nada. Así, corto y contesto solo: “Pues s
í, claro” ( y a la mierda el barroco)
Nazionalità italiana, giusto?” me pregunta el hada.
No, soy alemán” rectifico malhumorado.
Un agobiante y
vacío silencio baja a mi alrededor. Lo nuestro se había acabado.
¿Qu
é pasa? ¿Qué he hecho? Intentando estar tranquilo me digo a mí mismo: está todo bajo control Antonino. No puede pasar nada. Puedes contestar a todo. Y mientras me doy cuenta que mi cigarrillo se ha apagado oigo las siguientes, terribles palabras:
“Guten Morgen.”
Joder, la puta hada conoce también
el alemán. Mi alemán es fatal, saco dos o tres palabritas en alemán desde hace un mes, no más. A la mejor puedo decir que me llamo Antonino, “a” como Adolf Hitler. No mucho más.
Darf ich bitte Ihren Namen wissen, Ihren Namen und Nachname, danke.”
El cigarrillo apagado
se me cae de la boca. Empiezo a sudar.
Wie ist Ihr Name?” me pregunta el hada siempre más gentil y amable.
¿Pero qu
é he hecho de mal? Dos años de duro trabajo tirados a la basura.
Lleno de vergüenza me oigo decir: “Ja”. Y enseguida me doy cuenta que 1)
el hada me ha preguntado cómo me llamo y no tiene mucho sentido contestar con un “sí”, 2) yo tenía el tono de voz de un perro feo que acaba de mearse encima porque, para mí, eso es muy alemán, y el todo es casi paradójico, 3) mi padre tiene razón: soy totalmente incapaz.
Pero
el hada hija de puta no lo piensa así, para nada, y con todo su sentido materno, intentando comunicarse conmigo en todos los idiomas del mundo excepto los que hablo, me pregunta:
Do you speak English?”
Mi dignidad se queda un poco más
abajo que la mierda. Jamás en mi vida me he sentido tan poco trabajador europeo.
Sin darme cuenta me dejo llevar por el pánico y me oigo decir: “Oui”
Y esto verdaderamente no tiene ningún sentido. También
el hada la piensa así, y se queda callada; creo intentando comprender mi cerebro.
Es que no hay explicaciones querida hada. Lo siento.... y cuelgo.


Y es así, que al final hoy he pasado el día intentado explicar a mi chavalito alemán por qu
é, aunque yo llevo aquí casi dos años, es mejor, mucho mejor, que sea él quien llame para pedir el NIE.
Y ya está....o, como dice la Pantoja: ¡tu a mi no me hundes!

Además leer: "¿Podía el gato pasado darse simplemente de alta con el médico de cabecera? Pues, no, ¡claro que no!"

Antonino Pingue © 2010 Todos los derechos reservados.



15 jun. 2010

El viejo ciervo (poesía de un poeta que se llamaba Trilussa)



El viejo ciervo

Un viejo ciervo un día
desbarató con dos cornadas
la empalizada que tenia alrededor.
“Ya que me haces la revolución”
le dijo el hombre dándose cuenta de lo sucedido,
“te cortaré los cuernos y entonces a ver si cambias opinión”.
“Pues, no” dijo el ciervo, “la opinión todavía queda
porque el pensamiento mio sigue el mismo.
Me quitarás los cuernos que llevo sobre la cabeza,
pero no las ideas que tengo en el cerebro”.

Trilussa (Roma 1871 - Roma 1950)

14 jun. 2010

Qué placer encontrar tu carta en mi buzón



Querido E. , qué placer encontrar tu carta en mi buzón. Pues sí, ahora hablo español, aunque de forma bastante rara y divertida, como, de todas maneras, hablaba italiano.
A finales de agosto voy a cumplir 2 añitos aquí, y casi me siento un verdadero gato (no sé si sabes que a los madrileños se les suele llamar gatos).
Leo con gusto que tu trabajo sigue, sea en el colegio, sea en el Cervantes: qué bien ¡enhorabuena caballero! Y además que no paras de pelear con este extraño idioma, aparentemente similar al nuestro y, de verdad, bastante diferente. Así, junto al placer de contestarte, me han dado las ganas de hacerlo en castellano. Soy un tio malo ¿verdad? Pero estoy seguro que serás capaz de entender todo y, si quieres, contestarme en el mismo idioma.
Me preguntas qué tal, qué tal estoy, qué tal mi curro y mi vida. Complicado contestarte. Mi vida no ha tenido golpes de escena increíbles. Sigo teniendo dos piernas, dos ojos y una nariz bastante gorda. Mi pelo es más blanco pero me da igual. Me gusta más la cerveza que antes y echo de menos la mozarella, pues, esto sí. Me encanta una viejecita que cada día se sienta en un banco en la Plaza Dos de Mayo, el silencio vacío de la calle Fuencarral a las 8 de la mañana de un domingo soleado, mi barrio y, además, quiero locamente a la Torre de la Comunicación en Gran Via (pero no me preguntes por qué, lo ignoro). De Madrid me gusta su ritmo, su costumbre al ocio, a la tertulia, su música jazz. Su desearse bella y su sospecha de no serlo. Puede ser que esté diciendo una tontería, pero Madrid me parece una ciudad más melancólica de lo que se pueda pensar. Y su poesía está en el intentar salir y reaccionar, cada mañana, a esta melancolía (hay un cuadro de Goya que parece contarnos todo esto).
¿Que más decirte ? Hace unos meses he encontrado un chaval: bueno está bastante loco para aguantarme y quererme. Yo le quiero a él, y cada trozo de él, y el delantero y el trasero (¡sobre todo el trasero!), y con la misma fuerza. Adoro esconder y guardar mi nariz en su barrigita peluda y adoro su manos de bruto trabajador. Sobre todo adoro cuando pone su mano sobre mi cabeza con un cariño hasta ahora desconocido.
Estoy empezando a trabajar como traductor, y esto sí que es una pasada, y estoy esperando el verano, que aquí, todavía, no ha llegado. Ah, casi me olvidaba, acabo de mudarme a un nuevo piso, esta vez con aire acondicionado.
Un beso grande E...
Chao, A.

Antonino Pingue © 2010 Todos los derechos reservados.