27 oct. 2009

Frammento di una lettera al padre (poi abortita)

... come forse sai c’è un crisi mondiale. Come sicuramente non sai c’è una intera generazione (ma forse due) che vive in maniere completamente diversa da come vivevate voi alla nostra età. Senza sicurezze, senza radici economiche ma al tempo stesso, liquida, mobile, fantasiosa. Vorrei dire solidale. Dove si cambia lavoro 20 volte in un anno, e si vive in piccole case, condivise. Una generazione che si scambia notizie di dove comprarsi la scatola di pomodori più economica (ma anche quella più buona). Devo ci si scambia un materasso, un lenzuolo una serata in birra. Dove si arreda casa con una coperta inchiodata al muro prestata o trovata per strada. Dove oggi sei a Roma, domani a Berlino perché hai un amico, o un amico di una amico, che può ospitarti. E’ la generazione di internet, della rete, intesa non solo a livello informatico. E’ la generazione che giorno per giorno lavora per non farsi mettere a cuatro patas da questi grandi signori che ci governano (e forse non lo sa). Signori che misurano la vita con il PIL, cioè in base a quanti soldi girano e si spendono (“anche se magari si spendono in funerali e medicine” Zigmunt Bauman). Una generazione che non può più misurare la sua identità in base al reddito o in base al suo lavoro. Ma che credo che alla fine sarà capace, lei, a mettere a cuatro patas questi signori impazziti (e questo sicuramente lo ignora).

Antonino Pingue © 2010 Todos los derechos reservados.

Bravucones


Llevo un año en Madrid. La primera vez que tomé el avión para venir aquí comprendí algo. Comprendí que un avión tiene pinta de desafiar a Dios. Y que cuando se planta frente la pista, con su hocico de bravucón, con sus brazos de plata estirados, todo el mundo se calla porque siempre nos puso cachondos desafiar Dios (y por eso, claro, cuando nos abrochamos el cinturón el paquete parece más inflado y nos molesta). Aprendí que cuando el avión lanza su grito y nosotros lo oímos, y empieza a correr en la pista, y nosotros con él en su barriga de lata, sentimos una sensación, un gusto negro de quien tiene ganas de sueños prohibidos. Y que cuando estamos corriendo y vibrando juntos, hombro con hombro, rumbo hacia el cielo, ese grito es el grito de quien ha dicho no a la advertencia de su madre y sí a la incertidumbre convencido como está de que puede ganar algo mejor. Es el grito de quien no le importa un bledo que 2+2 hace 4, que el ahorro es una puta, que cada día el sol fracasa, que el pastel de carne salió fatal y que él no nos quiere. No le importa un bledo que tengamos que decir “buenos días” al portero cuando salimos por la mañana, y que, antes de beber, un chaval bien educado se limpia la boca con el pañuelo…y a la mierda todo eso y a la mierda el miedo y a la mierda las patas de gallo porque, mira, ¡estoy volando!!
De todas formas, cuando empezamos a bajar, toda esa presunción acaba. Y volvemos como niños prudentes cuando nos enteramos de lo que hemos armado. Entonces bajamos los ojos y buscamos el pañuelo. Y poco a poco nos acercamos a la tierra y vemos una casa, un coche, una tía que toma el metro para ir simplemente a trabajar, desde esa altura, pedimos perdón con sonrisas limpias y blancas. Y también el avión, esta vez, un paso adelante y uno atrás, intenta acostarse a la pista casi tímido, y para nada grita, y tampoco osa algo. Y cuando toca tierra, todo el mundo lleno de miedo empieza a parar (y temblamos y nada vibramos), y para el avión, paran sus motores, sus alas, paramos nosotros y, claro, por supuesto, 2+2 hace 4 y lo sé lo sé el pastel salió una mierda y fue por eso que no follamos.Pero, de verdad, lo que me vuelve loco, lo que no puedo quitarme de la miente es que al final de toda esta locura puede ser que a Dios le gustamos así: guapos y chulos y bravucones.

Antonino Pingue © 2010 Todos los derechos reservados.