20 oct. 2010

Sólo leo lo que se publica en las cajas de galletas (It's only rock and roll but I like it!)


Llegó con media hora de retraso. El timbre del interfono, el tiempo de subir y ya se asomaba a mi pisito.
Ni una palabra de disculpa sino una sonrisa y un beso. Llevaba vaqueros grises, zapatillas rojas, chaqueta negra y una larga bufanda de lana envuelta al cuello de color blanca. Muchacho ancho, peludo.
El tiempo de un vistazo y empezó a quitarse las zapatillas. “Mezcla de miel originales y no originales de la CE.” me dijo, quitándose ahora los vaqueros (¡juro por Dios que fue así!!!). “Por su naturaleza la miel no es recomendable a los niños menores de un año. No calentar sin razonable razón.” Y se quedó en calzoncillos.

Tenía tobillos fuertes, y muslos que invocaban el Museo del Jamón. Y mientras yo no sabía que hacer, y pensaba en la miel y a lo que me había dicho, y en el sentido que podría tener, él, todavía envuelto en su bufanda , de pie, se rascó la pierna derecha con la planta del pie izquierdo.
“Es que los calcetines” explicó “suelen picarme”.
Sin darme cuenta me vino a la mente el comienzo de Lolita, el libro de Nabokov. Lo que decía: “Lolita. Luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía”.

Él bufó sin hacerme caso y puso rumbo a la cama. Ahora me daba las espaldas, y, por cierto, parecía absurdo con todos sus abrigos por la parte de arriba y su desnudez por la parte de abajo. Yo también parecía absurdo al sacar en ese momento algo como la literatura (no sé que me había pillado).
“Este producto está elaborado con ingredientes naturales de primera calidad” me dijo mientras sus calzoncillos, apretados y blancos, se movían con él “obtenidos mediante las más esmerada técnicas de cultivo”.
Si este es un polvo, pensé, es el polvo más extraño de toda mi vida.
“Su receta tradicional y su cuidada forma de preparar el tomate" continuaba él absurdamente, "dan como resultado este gran producto.” Y se quedó a lado de la cama; el Gran Producto. Con los calzoncillos. Con los calzoncillos y volviendo a mirarme en los ojos. Él, no los calzoncillos. Bueno, no lo sé. Quiero decir que puede ser también los calzoncillos. Quiero decir que eran tan hermosamente rellenos (y empalmados), que puede ser que también los calzoncillos (él estaba empalmado no los calzoncillos) me estaban mirando. Quiero decir que me había hecho la picha un lío. ¡Eso es!.

Me desabroché los vaqueros (dejándolos allá) y me acerqué. Ahora sí que éramos raros. Por la parte de arriba parecíamos dos amigos que acababan de saludarse por la Gran Vía (él con su abrigo y yo con mi jersey) y por la parte de abajo parecíamos algo de obsceno, algo que se tocaba y se frotaba.
“Azúcar blanco de caña” me dijo. Y añadió doliente: “El paquete no lleva escrito mucho más”.
Y nuevamente me salió el comienzo de un libro. Esta vez era “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez. Lo que dice: “Era pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no llevaba huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos eran duros cual dos escarabajos de cristal negro.”
A él no le gustó. “¿Pero que dices? Mis ojos no son dos cucarachas” protestó.
No le hice caso y decidí besarlo en aquel lado de la boca donde los labios acaban en una sutil y húmeda V.
Olía a naranjas.
Le gustó. Satisfecho me tocó con un dedo la punta de la nariz.
“Aplicar diariamente, mañana y noche sobre la piel limpia de todo el cuerpo. Su formula (combinación de vitamina E y componentes hidratantes) protege del envejecimiento prematuro.” Y ya está. Lo tiré a la cama. Su bufanda se había ido. Mientras él se quitaba la chaqueta y una camiseta que llevaba escrito “¡NO TE JODES GUAPO!” yo me ocupaba de mi jersey . Desnudo me tumbé sobre de él. Su cuerpo me dio la bienvenida. Sus manos estaban clavadas en mi cuello. Las agarré por las muñecas y las llevé tras de su cabeza. El no hizo resistencia. Pero, así bloqueado, se puso a mirarme orgullosamente. Era rubio. Llevaba una barbita inculta, ojos profundos. Su cuerpo parecía un lozano bosque de oro.
“Aceite de oliva categoría superior obtenido directamente de aceitunas y sólo mediante procedimientos mecánicos.” me dijo todo de un tirón. Concluyendo con: “¡Producto de España!”.

Eres una mierda, pensé. ¡Y entonces a la mierda todo el mundo! ¿Tal vez sea esto un polvo: dos personas distintas que no saben que hacen, pero lo hacen muy bien?
Y acto seguido empecé a declamar la Odisea de Homero. ¡Toma ya!
“Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos” cantaba cachondo “que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar.”

Y èl (encantado): “Serviciooo al consumidoooor, visítenos en....”
Y yo: “Vió muchas ciudades de hombres y conoció su talante, y dolores”
Y èl: “Consumiiir preferentementeeee antes del fin de/lote: ver parte detrás!”
¡Ahora! Pasé zumbando sobre sus pezones y le levanté las piernas. Vaya panorama se veía.
Por un rato nos quedamos callados. Él, un poco avergonzado, piernas al techo, clavó su mirada en mi barriga y casi con un hilo de voz me dijo: “El portador de esta entrada se compromete a respetar las normas establecidas. La producción de bebidas, armas, bengalas, fuegos de artificio u objetos análogos, causaran el impide a el recinto deportivo.”
Y entonces follamos. Detrás nuestras palabras y nuestro malentendidos. Follamos en el aceite y con los libros, en la miel y con las entradas del Bernabeu. en el tomate, y con Lolita, y con Homero. Follamos por fin a la esquina de su rodilla. En el cruce de mi ombligo. Ocultados en mi nariz. Nos follamos bailando sobre nuestras uñas, bajo la plantas de los pies. Nos follamos en todos los lugares. Tratando de perdonarnos.

Cuando acabamos, cansados, satisfechos, en la cabeza me bullía la poesia de Rafael de León. La que decía: Era hermoso y rubio como la cerveza; el pecho tatuado con un corazón. En su voz amarga había la tristeza, doliente y cansada, del acordeón. Y por cuanto parecía absurdo en aquel momento lo queré , y estaba feliz, feliz de estar tumbado al lado de aquel chaval rubio y cansado y loco.
Acaricié su pelo de oro.
“Porque haces así?” le pregunté.
“Sólo leo lo que se publica en las cajas de galletas” me contestó.” y añadió: “It's only rock and roll but I like it!”
Fuera la noche de Madrid llamaba sus hijos.


Has leído lo que lleva escrito: La Miel Granja San Francisco, Orlando Tomate Frito, Body Milk Dia, Aceite de Oliva Virgen Extra Dia, Entrada Tour Bernabeu. Tal vez todo este pequeño y estúpido relato es verdadero. Mucho más verdadero de lo que parece.

Antonino Pingue © 2010 Todos los derechos reservados



1 comentario:

  1. tendre ke pasarme mas por aki, la cosa promete

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