8 dic. 2009

Solares en Osaka

Recibo y cuelgo aquí la carta de un un amigo, de un misterioso gato: el tampoco sabe porque Julieta olía a Rosa.

En una ocasión hace ya años, en mi “vida laboral anterior”, al terminar de despachar los asuntos programados en el marco de una reunión, una persona ajena a la empresa, aunque relacionada con la misma, comentó que le habían ofrecido un negocio y por ello me preguntó si conocía a alguien que estuviera interesado en comprar o, adquirir solares en Osaka. Estupefacción y asombro: no es que solamente esa pregunta no formara parte del orden de temas a tratar, es que ni siquiera dicho tipo de negocio estaba relacionado con la actividad económica a la que se dedicaba la compañía para la cual yo trabajaba por aquel entonces.
Con una sonrisa y mirada un tanto suspicaz, le dije a mi interlocutor: “¿es una pregunta con trampa?” Ante lo cual él, con gesto mínimamente ofendido, me respondió: “en absoluto, estoy hablando en serio”. No sé si más sorprendido me dejó su pregunta inicial, o esta respuesta última. Sea una cosa o la otra, el caso es que después de años tanto la pregunta como la respuesta me rondan en la cabeza cuando muy a menudo me realizan otra (muy común por otra parte) en los chats o páginas de contacto que pueblan el ciberespacio, esta es: “y, tú, ¿qué buscas?” Siempre he pensado que esa es una “pregunta con trampa” (como aquella de los solares osakeños), ya que el que la formula tiene cogida la sartén por el mango. Quiero decir, que en función de lo que respondas estás a merced del otro, y la conversación o posterior encuentro se producirá (o no), en función de la fatídica o acertada respuesta.
Y bien, respuestas ante esa pregunta puede haber muchas, como por ejemplo ser sincero y responder lo que realmente se busca en ese momento concreto, o bien se intenta ser un poco simpático y original y te lanzas con una respuesta tipo: “busco las llaves del coche, las cuales he perdido” (vale, de acuerdo, poco original pero socorrida); o bien, te lanzas con una respuesta de tipo profundo-pedante: “¿qué busco?: encontrarme a mí mismo” (mejor no rememorar las variopintas reacciones ante la frasecita de marras). Pero ahora, ahora sí, de verdad, ya sé cómo ser original ante la pregunta en cuestión. A ver imaginemos la situación:
- ¡Hola!, ¿qué tal?
- ¡Hola! Bien, y ¿tú?”
- Bien, también. ¿Qué buscas?
- ¿Qué busco? Ummmmm… busco encontrar compradores interesados en adquirir solares en Osaka.

PD: Para los curiosos y curiosas, decir que aquel que buscaba compradores para los solares, a fecha de hoy vive en un apartamento de lujo en la Quinta Avenida de Nueva York. Debí haberle hecho más caso en aquella ocasión.

El gato con orejas de vinagre.

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