17 nov. 2009

El rincón del corazón (o del culebrón)

Recibo y cuelgo aquí la carta de un un amigo, de un misterioso gato: el tampoco sabe porque Julieta olía a Rosa. ¿Y tu lo sabes?

La importacia de una cifra
¿Qué más da, más o menos? ¿Qué menos que más dará: si es solo una cifra de dos cifras, o más? Pues en eso estamos, que importancia no tiene alguna, nada más que la que nosotros queramos darle. Y no, no me refiero en concreto a cifras medidas en sistema métrico decimal, temporal, de longitud o cualesquiera otras, quiero decir, que no es el hecho de la cantidad, sino de la calidad, y no me lo entiendan por el lado erótico-festivo que nos conocemos… sino por el de la auto-aceptación, vamos el de sentirse “bien avenido consigo mismo”
“Bien avenido consigo mismo” no es ni directa, ni inversamente proporcional a la edad, los centímetros, el dinero, la cantidad de pelo en la “testa”… que tenemos o dejamos de tener, sino “directamente proporcional a lo bien o mal” que nos sentimos cuando en el momento de mayor intimidad con nuestra soledad (la elegida, que no la impuesta) nos quedamos.
¿Y ustedes se preguntarán, queridos lectores de este blog de Antonino: “Todavía más” (griten que lo están leyendo) a que vienen estas reflexiones pseudo-pedantes y ambiguas de éste que firma con tan esperpéntico seudónimo? No responden más que a experiencias vividas u oídas, recientes o lejanas en el tiempo, que han hecho que la quijada de este que aquí escribe, haya tocado en varias ocasiones el duro suelo, y que también hayan hecho que tome como propio aquello de “nadie sabe por qué Julieta olía a rosa (tampoco Shakespeare)” Discúlpenme que en este momento no cuente ninguna de esas experiencias (algunas realmente divertidas, otras dolorosas, otras…) un poco de paciencia, que si la confianza nos acaba de unir en este espacio cibernético, aparecerán en forma de cuento exorcizante.
De momento y como presentación creo que ya les he martirizado bastante, o más bien despistado bastante, que para el caso que nos ocupa es lo mismo. Y aprovecho estas líneas a modo de despedida para desearle mucha suerte (o mierda) en esta aventura “blogera italo-española” a mi amigo Antonino, porque él lo vale, ¡ea! (y también porque me permite escribir en él… juas, juas)
Besotes.com

El gato con orejas de vinagre.

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